Explora la historia de una galleta que ha viajado por el mundo, adaptándose a cada cultura. Con una textura fundente y un toque de frutos secos, es perfecta para celebraciones y momentos especiales.
Orígenes e Historia

Como ocurre con muchas galletas, esta es una “receta migrante”. Los Pastelillos Rusos para la hora del té (besos de Nuez en España, Kourabiedes en Grecia, Galletas de Boda en México, Snowballs / bolas de nieve en EEUU) se desarrollaron en Europa del Este, en Rusia, a fines del Siglo XIX, y se preparaban para disfrutarlas a la hora del té. Las primeras versiones de la receta llevaban mucho huevo, lo cual reducía mucho su duración en una época en que no había cómo refrigerarlas. Así llegamos muy pronto a la versión vigente hasta hoy, sin huevo, con más mantequilla para ligar la masa y rebozada en azúcar flor.
Una receta migrante: galletas de frutos secos, rebozadas en azúcar flor, conquistaron el mundo y se disfrutan en festividades, con versiones únicas en cada región.
Una Receta que Conquistó el Mundo


Resuelto el problema de su conservación, la receta se distribuyó por las más diversas regiones del mundo y se hizo popular en fechas especiales: Navidad, Pascua de Resurrección, matrimonios. Llegó a México con las monjas europeas que servían en las Misiones; en EEUU, luego de la I Guerra Mundial y la Revolución Rusa, hubo una ola de migrantes rusos pro-zaristas que se afincaron en el país y dieron a conocer esta receta en las Casas de Té que establecieron. Los frutos secos son parte distintiva de esta receta, y cuál de ellos se use depende de la región en que se preparen: avellana europea, almendras, nueces, pecanas, piñones… Cada versión deliciosa y fundente en boca, todo un deleite (sobre todo en fríos días de invierno).

